una semana un poco diferente

Queridos lectores, ha pasado una semana, la gran esperada semana santa, para todos una semana que es para viajar, para estar en la casa descansando, o bien sea bebiendo y farreando todos los días, pues bien, para mí no fue así, ninguna de estas opciones que les acabo de mencionar, para mí fue una semana de postoperatorio, pues el día martes 27 de marzo me realizaron una cirugía “laparoscópica” de vesícula, ¿por qué les cuento esto? Se preguntarán, pues porque la semana siguiente, la semana del 2, fue una semana a la que no pude asistir a clase, por lo que este blog será un poco diferente a los demás, hoy les contaré en qué consiste la cirugía y lo que fue de mi esas dos semanas.
Primero que todo les voy a contar dónde está y para qué sirve la vesícula, pues muy pocos conocemos su función.
La vesícula actúa como un almacenamiento de la bilis, este líquido funciona para poder digerir las grasas, esta tiene forma de pera y se encuentra ubicada bajo el hígado (en seguida les dejo una imagen).
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Pues bien, mi problema era que tenía cálculos en esta, deben saber que la vesícula mide entre 5 a 7 centímetros de diámetro, pues bien yo tenía un cálculo de 1 centímetro y medio, para muchos que me preguntan, no, no duele, los que duelen son los cálculos en el  riñón. Los cálculos en la vesícula son depósitos duros de líquido digestivo estos no provocan signos ni síntomas (aunque cuando los hay pueden ser los siguientes; dolor repentino que se intensifica rápidamente en la parte superior derecha del abdomen, dolor que se intensifica rápidamente en el centro del abdomen, justo debajo del esternón, dolor de espalda entre los omóplatos, dolor en el hombro derecho, náuseas o vómitos, el dolor provocado por los cálculos biliares puede durar de varios minutos a algunas horas.) generalmente no requieren tratamiento. Desde mi experiencia me levantaba todos los días con náuseas y de momento me daban dolores en el lado derecho del abdomen.
Los cálculos biliares tienen dos causas comunes, la primera los cálculos compuestos de colesterol, los y la segunda los cálculos compuestos de bilirrubina, que se denominan pigmentarios. Se presentan cuando los glóbulos rojos se están destruyendo y hay demasiada bilirrubina en la bilis.
Pues bien ya haciendo una introducción sobre este órgano y las generalidades de las razones por las cuales me tuve que operar, les cuento ahora sí en qué consiste la cirugía, esta cirugía se llama cirugía laparoscópica, valga la redundancia porque se hace uso de un aparato llamado laparoscópico es un tubo delgado e iluminado que le permite al médico ver el interior del abdomen, esta cirugía, también conocida como colecistectomía, extirpa la vesícula biliar y los cálculos biliares a través de varios cortes en el abdomen (cuatro para ser exactos). El cirujano infla el abdomen con aire o dióxido de carbono para poder ver con más claridad, posterior a esto el cirujano inserta el laparoscópico por una incisión cerca del ombligo, el cirujano usa una pantalla de vídeo como guía mientras inserta instrumentos quirúrgicos dentro de las otras incisiones para extraer la vesícula biliar.
Evidentemente es un proceso que requiere un trabajo arduo, este procedimiento requiere el uso de anestesia general,  la cual suele durar 2 horas o menos.
Ya habiendo explicado la cirugía les contare toda mi experiencia, el día 27 de marzo llegue a la clínica cardio infantil alrededor de las 10 de la mañana, (fui con mi mamá y mi padrastro) con mi madre hicimos el proceso de admisión y me llevaron a una sala de espera, posterior a esto me entraron a un salón con cubículos, unos con camillas otros con una silla, mi cubículo solo tenía una silla, me pasaron una bata y como una especie de “zapatos” todo esto de materiales antisépticos (por obvias razones), me cambie y llegó mi papá, pues bien ya acompañada de mis padres todos los médicos residentes y especialistas empezaron a explicarme el procedimiento, las advertencias, lo que podría pasar, y hablan de su área específica, pasados 20 o 30 minutos me recogió un enfermero y me llevó en silla de ruedas  hasta la sala, (me despedí de mis padres, con los ojos aguados no voy a mentir) ahí me encontré con todos los médicos que ya había hablado conmigo y unos pocos más, me recosté en la camilla, me colocaron la máscara y me empezaron a hablar de mis tatuajes, yo feliz de que me hablaran también les hice la conversación, cinco minutos y yo seguía hablando, todo ese tiempo trataron de encontrarme una vena para canalizarme, (a lo que ya había dicho que iba a ser difícil) hasta que un médico me dijo “¿no te sientes mareada? ¿no te ha dado sueño?” por lo que entendí que esa máscara que me habían puesto era la anestesia, así que me indicaron inhalar más profundo, así lo hice y a los segundo caí dormida, un tiempo después me despertaron en una camilla que estaba en movimiento como cuatro enfermeros me rodeaban y todos me hablaban, evidentemente yo seguía bajo los efectos del sedante, casi podría asegurar que les empecé a hablar de comida, llegue al cubículo del postoperatorio y seguía hablando de comida, con la jefe, con las enfermeras, con los residentes, con medio mundo, recuerdo que tenía un gran antojo de compotas; ya un poco más consciente pregunte por mis papas y cuando sería posible verlos a lo que me respondieron que una hora u hora y media, estuve sola mucho tiempo, trate de descansar, pero al estar más consciente de la situación sentí mucho dolor, cabe aclarar que me pusieron morfina como tres veces y no me sirvió de nada, pues no sé qué tan cuerda estaba pero creo que todo bien. Pasó el tiempo y llego mi mama, feliz de verme y yo a ella, hablamos un rato, salió y entro mi papa quien me dio un beso en la frente y hablamos de muchas cosas, pero también de las compotas, me llevaron a otra sala diferente a un cubículo más grande todo esto en compañía con mi padre, después de una hora se fue y volvió mi mamá con mi padrastro quien me saludo muy feliz, en fin, después de muchas horas eso de las seis de la tarde por fin me llevaron comida, no era la mejor comida de la vida pero con hambre todo está bien, era un caldo y gelatina, me los comí con mucho gusto y como vieron que reaccione bien me dejaron salir a las dos horas, a partir de ahí el dolor físico lo empecé a sentir todo.
Me vestí con mucha dificultad y con ayuda de mi madre, di el primero paso y me sentí muy mal, me senté en una silla de ruedas y me llevaron hasta el carro, subirme al carro bueno a la camioneta fue una odisea, el dolor se apoderaba cada vez más de mí, arrancamos y el paseo hasta mi casa (que no fue mucho en realidad) también fue muy sufrido, sentía cada bache y hueco de las calles, por fin llegamos a la casa mi hermano me saludó y yo me recosté, no quería nada.
Al día siguiente vino mi sobrina (pues al día siguiente mi hermano mi cuñada y ella se iban a la finca) y un amigo de visita, no comí nada en todo el día, realmente me sentía muy fastidiada y estaba de mal genio, además esa noche vomité, créanme que el dolor fue indescriptible, estaba muy cansada. El jueves me visitó mi papá, tan lindo como siempre, me trajo el álbum del mundial y compotas!! Me trajo como cien!! Realmente me hizo muy feliz, en la tarde me visitó otro amigo con el que jugué cartas y me trajo tramadol (para los que no saben, sirve como calmante, es lo que le que está antes de la morfina) pues le había contado que había pasado las peores noches de mi vida, estuve más feliz y me hizo reír (lo que no fue muy buena idea porque me dolía hasta el alma), viernes sábado y domingo fueron muy similares, me quede en casa recostada, durmiendo todo el día, comiendo y viendo películas con mi mamá, fueron días muy descansados el problema fue cuando se retomaba la semana de estudio, el lunes (después de pasar una muy mala noche) fui a clase, no dure ni una hora sin sentir que el mundo se me iba, se preguntaran por qué fui, bueno, pues porque mi madre me obligó, la llamé y se dio cuenta que fue un error por lo que me dejó volver muy pronto a la casa.
Dure dos semanas dure encerrada en la casa… créanme no fue nada rico, muchos me envidiaban por no tener que ir a estudiar, lo que no entendían era que no es lo mismo quedarse en la casa con la posibilidad de hacer cosas y poder salir, más no quedarse en la casa, tirada en una cama con dolor y sin posibilidad de nada, no fue nada placentero.
Pues bien mis queridos lectores como habrán visto esa fue mi semana, mi miércoles y viernes que mientras mis compañeros aprendían algo más sobre las normas apa (supongo que así fue) yo estaba en mi casa agonizando de dolor.
Lo bueno de todo esto, es que ya estoy mucho mejor y ya no tengo que vivir con la preocupación de tener esos cálculos en mi cuerpo, esperemos que las cicatrices queden bonitas.

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